Drones para todo

Drones para todo

En cuestión de muy pocos años, la palabra “dron” ha pasado de ser un concepto propio de la jerga profesional aeronáutica a formar parte de nuestro vocabulario habitual. El auge de estos pequeños robots voladores ha sido tal que han entrado de lleno en nuestras vidas y ya son miembros de pleno derecho  de la colección de objetos cotidianos que hay en muchos hogares. Los dones son ´molones’, fáciles de pilotar y nos seducen con sus vuelos versátiles, su velocidad y su capacidad de permanecer suspendidos en el aire como si fueran nubes zumbantes y algo torpes. El rango de marcas, modelos y precios para todos los bolsillos de estos dispositivos de control remoto hace que sean cada vez más los hogares que se hacen con uno. Generalmente, bajo el “pretexto” de regalárselo a los más pequeños de la casa, aunque la realidad indica que suelen ser los adultos quienes más los disfrutan.

El puro placer de verlos cruzar el cielo y realizar acrobacias sigue siendo la principal aplicación que se da a estas máquinas voladoras en su dimensión más lúdica. Pero la versatilidad de los drones hace que puedan incorporar nuevas funcionalidades relacionadas con el ocio. Una de las más extendidas es su capacidad para realizar fotografías aéreas de gran calidad, disparadas desde el mismo mando de control de vuelo. Una posibilidad que ya llevan explotando tiempo y con espectaculares resultados los aficionados al alpinismo y la escalada.

Pero es fuera del ámbito del ocio donde los drones están desarrollando su verdadero potencial. El mundo empresarial ha visto las posibilidades de una tecnología que permite acelerar  procesos, llagar hasta lugares de difícil acceso o aumentar la seguridad de determinadas actividades peligrosas que antes sólo podían realizar personas. La entrega de medicamentos y alimentos en lugares remotos; la participación en operaciones de búsqueda y rescate de personas; trabajos de control y seguridad en aeropuerto, fábricas y otras instalaciones sensibles; movimiento de mercancías en el interior de almacenes y bases logísticas, y hasta inspecciones con fines fiscales, por ejemplo, para asegurarse que no se han realizado obras ilegales o modificaciones no autorizadas en inmuebles privados, son sólo algunas de las enormes posibilidades que ofrecen estos artefactos voladores.

Algunas de estas aplicaciones ya son una realidad. Otras como los experimentos de Amazon de distribuir productos a sus usuarios utilizando drones de reparto, aunque técnicamente posibles, aun chocan con una regulación todavía por definir en cuanto al uso de estos artefactos y el factor de riesgo que podría suponer su presencia masiva en los cielos de las ciudades. Todo se andará. Las posibilidades están ahí y poco a poco habrá que ir conjugándolas con un marco normativo que preserva las necesidades de las personas sin renunciar a su seguridad.

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